Cerveza de abadía: 5 claves para reconocerla

Seguramente te hayas fijado alguna vez en esas cervezas que se presentan en botellas ligeramente distintas a las habituales y generalmente servidas en unas copas con forma de cáliz. Puede que hayas pensado que es algo ‘para los que saben de cervezas’ y no lo hayas probado por desconocimiento o por falta de costumbre. Pero ¿sabes qué hay detrás de una buena cerveza de abadía?

El origen

Como su propio nombre indica, las cervezas de abadía nacieron entre los muros de los monasterios bajo las órdenes de un abad, concretamente en Bélgica. Durante la mayor parte de su historia, estos centros religiosos funcionaron como auténticas comunidades independientes y autosuficientes, cultivando y produciendo sus propios alimentos y bebidas a lo largo de los siglos. Algunas de aquellas recetas han llegado hasta nuestros días prácticamente inalteradas, y hoy en día podemos tomar una buena cerveza de abadía con el mismo sabor del que disfrutaban los peregrinos que se hospedaban en el monasterio en época medieval.

La clasificación

Existen numerosas cervezas de origen monástico, pero en la actualidad encontramos apenas una veintena de cervezas de abadía con certificación de autenticidad. Uno de los requisitos ya mencionados es la procedencia: monasterio belga de una orden religiosa no trapense (benedictinos, cistercienses, norbertinos…). Por supuesto, este origen no es algo simbólico, sino que las cervezas se siguen produciendo hoy día respetando estrictamente la receta original del monasterio correspondiente.

La elaboración

Los monjes de la orden correspondiente supervisan la producción y distribución para garantizar que se conserve la esencia de la bebida original. No existe un tipo único de cerveza de abadía, pero sí que se caracterizan generalmente por tener mucho cuerpo, una fermentación alta y una graduación algo más elevada que la media. 

Es posible encontrar cervezas de abadía tanto para los paladares más experimentados como para los iniciados en esta especialidad cervecera. ¿Por dónde empezar? Una ale rubia como la Grimbergen Blonde es una apuesta segura si lo tuyo son los sabores intensos y con mucho cuerpo. Igualmente intensa en amargor, pero con toques dulces de caramelo y ciruelas secas, la Grimbergen Double-Ambrée es fácilmente reconocible gracias a su característico color ámbar oscuro. Y si te van las cervezas refrescantes y no demasiado amargas, la Grimbergen Blanche es suave al paladar, con toques cítricos y afrutados, pero con todo el carácter de una auténtica cerveza de abadía.

Los ingredientes

Debido a su amplia variedad, las cervezas de abadía no comparten los mismos ingredientes pero sí que tienen ciertas características comunes, como el uso de ingredientes naturales de producción local como la levadura de la localidad de Grimbergen, conservada a temperaturas inferiores a los 80º bajo cero para preservar su sabor, y que aporta un característico toque afrutado y aroma especiado a la cerveza del monasterio del mismo nombre. Una vez te has familiarizado con los diferentes sabores que aportan los ingredientes a cada tipo de cerveza, puedes empezar a experimentar para encontrar el perfecto maridaje para tus comidas. 

El compromiso con la tradición

Sin duda, una de las características que definen a las cervezas de abadía es su larga tradición, que en casos como el de la abadía de Grimbergen se remontan hasta casi 900 años de antigüedad. Este monasterio, ubicado unos pocos kilómetros al norte de Bruselas, lleva siglos fabricando y supervisando la producción de cerveza con un escrupuloso respeto por la tradición. A pesar de tener un historial lleno de adversidades, guerras e incendios, esta abadía ha conseguido resurgir numerosas veces como el ave fénix que simboliza su cerveza, manteniendo la receta original y velando por su continuidad a lo largo de la historia.

Dicho todo esto, ahora no hay excusa para no descubrir el universo de las cervezas de abadía. Si no sabes cuál es tu tipo, la elección es sencilla: cuanto más oscura, más intensidad y amargor; y cuando más clara, más suave y refrescante. Sea cual sea la tuya, estarás disfrutando de una cerveza de gran calidad y con la satisfacción de estar tomando la misma bebida con la misma receta y el mismo sabor que hace nueve siglos.